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lunes, 26 de octubre de 2015

Brincos y Truenos


Salto del pastor, día 2.  
Amenazaba lluvia. Las islas vivían inmersas en un nuevo temporal que ya había hecho estragos en diferentes puntos. No sería excusa. Los/as intrépidos/as brincadores/as llevaban una semana esperando para volver a empuñar sus lanzas. Y ahí estaban de nuevo, puntuales y a punto, engrasándolas para retar al camino. Tras los preparativos iniciales comenzaron de nuevo la ruta, volviendo a bajar por el barranquillo, esta vez no sólo bastoneando sino desafiando todas las paredes y obstáculos dignos de ser brincados.

Tras continuar la senda que regala una hermosa panorámica a la playa de Los Patos, de nuevo llegaban a las terrazas, abandonadas para la agricultura, aprovechadas para el salto. Allí, ejercicio a ejercicio, se pulía la técnica: salto tras salto, subir y bajar, una y otra vez, la ilusión brincando también por encima del cansancio. A lo lejos se escuchaban los primeros truenos, que ponían banda sonora e incertidumbre a la tarde. Poco después, la amenaza de lluvia, dejaba de serlo, convirtiéndose en realidad. Se había acabado la tarde, dejando una nueva enseñanza: la lluvia y el agua son incompatibles con el salto, la lanza mojada es muy difícil de frenar, así que tocaba emprender el camino de regreso.


    Tras subir de nuevo el barranquillo, esta vez con la lanza al hombro, y algo apesadumbrados/as por el prematuro final de la sesión, la tarde decidió darles una segunda oportunidad. La lluvia cedía, las nubes se alejaban, el sol volvía a aparecer radiante…tocaba seguir brincando.

 
Tras otra pequeña práctica en las escaleras que bajan al barranquillo, se decidió poner rumbo entre plataneras, caminando hacia El Ancón. Al final de la carretera tocaba un nuevo sendero, risco arriba. Tocaba bastonear la subida y brincar la bajada. 






 Los más experimentados aprovecharon para extremar la travesía, unos subiendo, hasta que la vista prácticamente no alcanzaba a localizarlos. Otros, bajando, hasta la playa, donde terminarían la tarde con un refrescante baño. El resto regresaba, agotado y feliz, tras otra maravillosa jornada de salto.

Tocaba reponer fuerzas, entre anecdotario y caña-tapa, un broche maravilloso a una tarde maravillosa.

Marcos
 



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