
Chajave con Niebla

Tras
diez días de letargo vacacional y muchísimo descanso retomé el salto con ganas
de brincar cualquier risco de la isla. Llegué a las 9 al local y allí estábamos
los que ese día emprenderíamos la aventura como caballeros de la mesa redonda
(que es lo que siento cada vez que pongo sobre mi hombro semejante palo al que
denominamos lanza o garrote). Rumbo a Teno, el clima no nos quería acompañar, pero
bien, porque para subir siempre está rica una brisita fresca que seque un poco
nuestro esfuerzo, aunque mal porque
imaginábamos que no podríamos observar las maravillosas vistas de la zona.
Al adentrarnos en la ruta que comenzaba en el Palmar (allí donde los pollos
de toda la vida), la espesa vegetación que cubría un camino que habíamos perdido
debido a un invierno duro y lluvioso, nos intentaba hacer retroceder,
envolviéndonos con sus hojas y grandes ramas, y a la más bajitas haciéndonos
casi desaparecer; pero qué cantidad de nuevas especies con las que nos fuimos
topando, esto hacía de ella una ruta más entretenida.


El Domingo fue día de primeras
impresiones, mi primera ruta con niebla, mágica, sin ver lo que nos deparaba el
fondo del barranco, me sentía cada vez más caballera de la mesa, del barranco
ésta vez. Encontré mi primera seta y era comestible, fue reconfortante
encontrarla y saber que sin peligro alguno me la podía echar a la boca, había
hongos más apetecibles de unos colores muy vivos, pena que esos no me los pude
comer.

Tras algún sendero equívoco, paramos a almorzar, ésta vez Kevin no había
rechistado mucho, se ve que con la aventura en la maleza se nos pasó todo por
alto…¡¡¡HASTA EL HAMBRE!!! Jose nos ofreció probar una gran variedad de chuches
ricas, como las de antes…y un chocolate tan sabroso que lo pienso adoptar como
manjar principal de mis rutas. Luego comenzamos la bajada usando al fin nuestras lanzas,
había muchas
poyetas, se ve que el camino estaba hecho para nosotros, pero la insistente
niebla nos cubría, y Teno se nos resistía nuevamente decían algunos, aún así
seguimos rumbo al fondo y poco a poco la niebla desapareció para abrirnos el
camino y poder vislumbrar el abrupto paisaje que siempre Teno nos ofrece, aunque por un momento llegué a pensar que nos habíamos trasladado a
Bajamar, ¡vaya desorientación! Al llegar abajo disfrutamos de más especies de
la primavera, más colores, más olores y más frutas exóticas de éstas rutas, los
chicos aprovechaban cualquier muro del final del camino paro hacer salto a
regatón muerto y vimos cómo Kevin cada vez se desenvolvía mejor en ellos.
No tocó el bañito de rigor porque
el sol seguía escondido y esperando encontrar un domingo más a ésta panda de
saltadores que no dudan en hacer cosquillas a los barrancos de la isla con sus
lanzas.
Cora.