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miércoles, 14 de diciembre de 2016

MANCHANDO LA ROPA, LIMPIANDO EL ALMA.










Manchando la ropa, limpiando el alma.
















Desde que empezamos el curso a mediados de Octubre es la primera vez que salimos a hacer una ruta.

Quedamos en el colectivo a las 9 de la mañana, entre dormidos y ansiosos cargamos las lanzas en la furgoneta y nos organizamos en diferentes coches, a mi grupo nos tocó empujar, empezábamos bien! Llegamos a Tegueste, nuevas caras que resultaron ser los veteranos a los cuales los bancales ya le saben a poco, presentaciones, saludos, café y a descargar las lanzas.














En el camino de los Laureles hicimos una parada breve para explicar que está presente el monte de laurisilva donde podemos encontrar Mocán, Laurel, palo blanco, tilo, sanguino, hablaron del uso de su madera y de cómo reconocerlos.









Subiendo hasta la degollada de la mesa de Tejina nos enseñaron las, para mi, desconocidas cazoletas, ¡Qué pasada! Con el paisaje que teníamos es obvio que ese merecía ser lugar de culto. Seguimos subiendo, hablando de bellotas, de las Lecheras, del sendero, hasta llegar al punto donde el grupo se dividiría en dos, por un lado los que ya tenían experiencia irían por el Lomo de La rosa, mientras que los novatos bajaríamos por el Lomo del Medio y así todos poder disfrutar del risco.









El camino, al principio un poco tupido de vegetación, no permitía ni siquiera bastoneo, sólo esquivar ramas e intentar hacer el menor daño posible. Empezó a despejarse y el risco a permitirnos bastonear y algún que otro pies juntos hasta llegar al segundo tramo del Lomo de la Rosa donde nos encontraríamos con los veteranos que aunque su camino era más difícil llevaban una hora esperando por nosotros, paramos a comer para luego descender hasta Bajamar. El segundo tramo si nos permitió practicar un poco más el salto a pies juntos y cada uno iba buscando el risco donde más seguro se sintiera.




















Ya sólo quedaba caminar otra vez con la lanza al hombro y al mirar hacia atrás y ver por dónde habíamos bajado, era inevitable acordarme del primer día en el colectivo, cuando los monitores me pasaron una lanza y yo no sabía ni cómo agarrarla, ni si ese palo largo iba a ser de ayuda, creo que todos los novatos teníamos la sensación de que gracias a la lanza y a los monitores logramos dejar la montaña a lo lejos y ya estábamos mas cerquita del mar.



Ya en las piscinas de bajamar volvimos a reunirnos novatos y veteranos, algunos se dieron un chapuzón, compartimos impresiones, nos reímos, hablamos sobre si quería escribir el blog o no (no me dejaban mucha opción), nos advirtieron que el próximo día practicaríamos otra vez en los bancales, pero eso no nos quito la sonrisa. Otra vez a meter las lanzas en la furgo, que aún no sabíamos si arrancaría, a nadie le apetecía empujar.



De camino al colectivo me deleito con las conversaciones de monitores y compañeros, y me viene a la cabeza esa frase que dice: todos los días se aprende algo nuevo, y así es, por los menos todos los sábados, hoy jueves, los monitores nos enseñan cosas del pasado para poder disfrutar el presente, y no me refiero únicamente en el risco. Solo puedo darles las gracias a ellos y a los compañeros, no puedo estar más contenta con el grupo

(Andrea)


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