Amenazaba lluvia. Las islas vivían
inmersas en un nuevo temporal que ya había hecho estragos en diferentes puntos.
No sería excusa. Los/as intrépidos/as brincadores/as llevaban una semana
esperando para volver a empuñar sus lanzas. Y ahí estaban de nuevo, puntuales y
a punto, engrasándolas para retar al camino. Tras los preparativos iniciales
comenzaron de nuevo la ruta, volviendo a bajar por el barranquillo, esta vez no
sólo bastoneando sino desafiando todas las paredes y obstáculos dignos de ser
brincados.
Tras subir de nuevo el barranquillo, esta
vez con la lanza al hombro, y algo apesadumbrados/as por el prematuro final de
la sesión, la tarde decidió darles una segunda oportunidad. La lluvia cedía,
las nubes se alejaban, el sol volvía a aparecer radiante…tocaba seguir
brincando.
Tras otra pequeña práctica en las
escaleras que bajan al barranquillo, se decidió poner rumbo entre plataneras,
caminando hacia El Ancón. Al final de la carretera tocaba un nuevo sendero,
risco arriba. Tocaba bastonear la subida y brincar la bajada.
Tocaba reponer fuerzas, entre anecdotario
y caña-tapa, un broche maravilloso a una tarde maravillosa.
Marcos