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martes, 11 de marzo de 2014



El reencuentro con el encanto

Como cada año y ya marca la tradición, la visita a Tenerife es obligada por estas fechas. En esta ocasión vine acompañada de un forastero del otro archipiélago, de la isla de Mallorca, Juan, para poder mostrarle todos los encantos que esta presenta.

Nada más llegar al aeropuerto, disfrazados nos fuimos directos para el carnaval de día de Santa Cruz, colores, música y carcajadas  se respiraban por cada rincón del centro de la ciudad.  Después de unos bailecitos y ver un poco su esencia, tomamos rumbo hacia Teno Alto. Yo, comenzaba a estar nerviosa, en un rato empezaría a dar abrazos a los amigos, a escuchar sonar las parrandas, a mover los pies al son de las Isas y acabar bebiendo caldito de gallina.




A la mañana siguiente, fue un gran regalo despertarse y ver la inmensidad del Teide a nuestras espaldas, todo cubierto de nieve. Un poco aturdidos por el intenso día que dejamos atrás fuimos a resucitar al bar de la señora Cipriana con un cafelito y un buen bocadillo de queso blanco del lugar. En un rato empezarían a llegar el resto de los saltadores, hoy se había planeado una ruta por esta zona y mientras se esperaba con el bocata en mano, madre mía!! empezó a diluviar.
 Tras un par de llamadas se decidió dar marcha atrás y salir huyendo de la lluvia. Nos encontramos con el grupo en Buenavista y ahora el sol radiaba con una  intensidad cegadora, parecía que la tempestad nos había abandonado así que retrocedimos nuestros pasos para empezar con la ruta, de nuevo hacia Teno aAlto para parar en el lomo de Molina y dar comienzo.


 Otra vez nerviosa, empezaron a sacar las lanzas y allí estaba, aquella que hice con mis propias manos años atrás. Sacaron otra para Juan, que era la primera vez que veía una de ellas y teníais que observar su cara de asombro pero teniendo en cuenta su buen andar por la montaña y tras las explicaciones de Fran de cómo brincar con ella, su expresión se fue relajando y empezó a disfrutar como un niño desde principio a fin.

El día estaba precioso y todos estábamos eufóricos caminando por el lomo, escuchando las explicaciones de Pedro, aquí tenemos  el corazoncillo de Teno (planta endémica del lugar), aquí serrajas en flor, muchas canarina canariense (bicácaros) que si tajinastes lilas, blancos uauaua!! toda una explosión de colorido. Al final de la loma dimos con una casa, bueno, más bien con el hormigón de las paredes y un montón de tejas apiladas a su vera, un poco más adelante nos 
encontramos con el horno donde supuestamente habían cocinado dichas tejas.  Así de entretenidos andábamos  hasta llegar al final de la loma para picar algo, ya que Kevin hacía mucho rato que preguntaba a todos si teníamos hambre, que gran momento para él. Una vez saciados cogimos el camino de Chajave para comenzar el descenso.

  El tiempo dejaba estar  tan radiante, detrás de nosotros unas nubes amenazantes se acercaban lentamente, de ahí que empezamos a caminar con el mismo deleite pero con un paso más acelerado con la esperanza de poder librarnos del agua.


Todos comentábamos, nos queda lejos, muy lejos, no hay que preocuparse, excepto Laura que desde el principio iba augurando que nos mojaríamos. Cuál fue la sorpresa, al dejar atrás el andén de las Burras nos encontramos de frente y directo a nosotros  una gran masa de nube gris bien cargadita de agua.
  A partir de aquí esta nos acompañó como uno más del grupo, las lanzas ya de poco servían, deslizabas la mano y el agua resbalaba por el brazo hasta llegar a las caderas e incluso los chubasqueros hacían calar el agua. El grupo se dispersaba pero escuchabas las risas a lo lejos, Guillermo y Kevin que venían con nosotros cantaban sin cesar a viva voz y Juan no paraba de decir, valla experiencia tan bonita (aunque alguna que otra vez también decía, me habéis querido matar... y Vero le contestó al final: y mira tú que no lo logramos, jeje), así hasta llegar a Buenavista.
  Al final nos reencontramos todos en un bar de  donde nos pusimos ropa seca, nos tomamos algo calentito  y todos dispuestos para volver a empezar.

  Como era de esperar reencontrase con la isla, los amigos y sus tradiciones siempre hace que tenga su encanto.   

Sentir que a pesar de la distancia uno tiene su espacio, entender el significado de la amistad y  el calor de acogida, es el regalo que  hace que la vida tenga mucho sentido.
           "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida".  

Raquelilla (la malagueña)



1 comentario:

  1. Muy buen blog. Por algún motivo no se me permite convertirme en seguidor de momento. Aún así, ya les sigo desde el mío. Un abrazo.

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