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miércoles, 5 de marzo de 2014

 Memorias de una rutita: saltos a regatón muerto en el Lajío
Hacía tiempo que no salía con la gente de la escuela de Salto del Pastor, por eso el domingo me encontré con caras nuevas y como siempre, saludos, presentaciones y toda la parafernalia de elección de lanzas, recoger mochilas, reparto de coches, etc, rumbo al Lajío. Yo miraba al cielo y pensaba: esto va a ser un día embrumado, húmedo, frío y nosotros encajonados entre las paredes de ese barranco..., lo imaginaba horrible, pero no, no fue así, hizo un día espléndido soleado, sin frío..., daba gusto.
 

       Subimos desde el caminero hacia Izaña hasta encontrar la cabecera del barranco recién descubierta por un obstinado explorador. El camino lo hicimos rápido, quizás por la ilusión de ver la nieve en toda su extensión y salir de los incómodos pinos. El paisaje era espectacular con contrastes entre la rojiza tierra y la blancura de la nieve, distintos conos  canosos aparecieron delante del Teide; el verdor de los pinos, la retamas, la falsa conejera, la luminosidad del día ... todo a nuestra disposición para disfrutar del descenso.
                                                                                        

Al comienzo de la bajada, tanteos sobre la nieve dura y, las lajas que bajo ellas se adivinaban, más aún, tanto, que alguno sintió el frío hielo en sus posaderas y no por voluntad propia. El barranco se presta para infinidad de saltos, pero este día estaba dedicado al regatón muerto que ni su nombre me gusta, pero los chicos llevaban la emoción en sus cuerpos y desde que encontrábamos un rellano, donde al caer poder afianzar la lanza, venga a hacer saltos a regatón muerto; infinidad de ellos
 se hicieron y yo con lo agonía que soy, espera que te espera pues no quedaba otra.
          
Roberto, Jose Fuentes, Daniel y Alexis, junto a Fran fueron los más arriesgados, luego se animaron Kevin, Guillermo, Pedro el Pika, Javi, y también las chicas lo hacían bien, Petri, Lourdes, Mª José, creo que sólo Laura, convaleciente aún, se conformó con practicar el gesto. Vi a Lourdes empeñada en perfeccionar los saltos a pies juntos, cada vez que lo intentaba de altura mayor, miraba y miraba y dudaba al colocarse para brincar y yo le animaba diciéndole: aflójate, aflójate, que en el leguaje del brinco es lánzate, lánzate... y funcionaba.   
Los alumnos hicieron saltos de todo tipo pues el barranco se presta para brincos divertidos, le fueron cogiendo el truquito poco a poco al regatón muerto, y volvían atrás hasta cansarnos, no paraban y vuelta atrás para hacerlo de nuevo mejor, eran inagotables, y yo dale que te pego: vamos, vamos que se nos está haciendo de noche, pero a pesar de mi tabarra, ellos ni caso, seguían emperrados en el brinco, y entonces no me quedaba más remedio que entretenerme haciendo mis brinquitos, hice el girado, ese que me sale porque él quiere, porque yo no hago nada, me sale así y ya está, y a Roberto le gustó tanto que lo bautizaron el tornillo. Para qué fue eso, pues venga a practicar también el tornillo, que por cierto, a Dani le salía perfecto. Y yo diciendo, estos chicos no se agotan, parece que le dieron fuelle ...
                   

Pero a pesar de tantos y tantos tramos entre pista y pista, y de tantos y tantos brincos  llegamos por fin a la dichosa Margarita de Piedra, de día y con sol, contentos  por haber pasado un buen día de ruta, todos gozosos y satisfechos aunque algunos un poco magullados y otros medio-esginzados. 




El objetivo de practicar  regatón muerto se cumplió y la mayoría logró hacerlo muy bien y además todos, menos yo, lo intentaron. Chicos: adelante, sigan así.

Pedro



         

 











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