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lunes, 9 de abril de 2012

Domingo 1 de abril, Igueste de Candelaria

Después de una pequeña espera, pues había una confusión con la hora a la que habíamos quedado en el local, se pone en marcha la pesada y lenta oruga de 16 pares de patas. Con parada para gasofa y cortado, por fin llegamos a nuestro destino para empezar la ruta sobre las 12 del medio día.

La aproximación al lomo de bajada, por un canal, divertido para unos y adrenalítico para otros, es bonita pese a que la flora muestra claros signos de resentimiento por la falta de lluvia. Una vez en el morro, al que pondremos nombre más tarde, empieza el lento descenso de alumnos y monitores, este día con especiales ganas de hablar (¡fuerte grupo palicoso!). La ruta da pie a poner en práctica saltos y bastoneos de precisión, muchos de ellos bastante finos.
A veces se duda un poco, pero siempre termina aflorando la destreza de cada uno para resolver cada salto. Flora interesante, como la abundancia de romero marino, llama nuestra atención, así como el encuentro con la entrada a una cueva, que resultó ser un tubo volcánico muy fotogénico. De respente, ya bastante avanzada la ruta, alguien da un traspiés para acabar sobre una mullida retama. Por suerte todo queda en un susto y algún arañazo que otro. Segumos bajando, ahora más cautos si cabe, hasta llegar al fondo de un barranquillo infestado de rabo de gato que nos conduce de vuelta a los coche, aparcados justo, justo (¡!) por fuera del bareto, donde caerá alguna que otra... y algo de comer. Luego decidimos tirar para la mar, a bañarnos unos, a pasar el rato otros, en fin, a relajarnos como tan bien sabemos.

Ana

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