
Piteras, tabaibas, cardones, inciensos, tuneras, tarajales, verodes, cornicales, dragos, bequequillos, tasaigos, nos dan la bienvenida caminito a Chinamada desde la Punta.
Pasito a pasito, Tomás, Iván, Lourdes y una servidora hacemos el camino, guiados en esta ocasión por Javi y Toño.
En cada mirador nos maravillamos ante tanta belleza, acantilados imposibles, playas fantasmales que aparecen y desaparecen a ritmo de mareas. Y ese bellísimo Roque de Los Pinos, convertido en el guardián del Citus Chinamadensis, una especie de Jaguarzo endémico.
Llegamos a Chinamada ante la mirada curiosa de la gente del lugar que observan nuestras lanzas con nostalgia infantil.

Tras reponer fuerzas con un buen comer buscamos la bajada y empieza el baile; brincos, saltos, bastoneos, más brinco y otro puñadito de bastoneos por una ladera bellísima que nos ofrece una verticalidad apabullante.

Y es en ese lugar bañado de historias no contadas donde agradezco enormemente haberme cruzado con el Tagoror Chiregua.
Por mi parte solo me resta decir, que ha sido un gusto brincar con ustedes este domingo de mayo y que espero encontrarlos nuevamente en el risco.
VERONICA