Hacía tiempo,
no mucho ni poco, que no me cuadraba un sábado para salir de ruta con los/as
amigos/as del salto del Pastor, así que me sentía con el gusanillo de aventura
saltarina. Preparamos las lanzas en el local y salimos en la furgoneta todos/as
juntos/as, los/as Cinco, en dirección a San Úrsula. En un pils-plas llegamos al
inicio del camino, que nos llevaría brincando por el acantilado hasta el
hermoso espacio natural de El Áncon.
Recorriendo mis
propios pasos y siguiendo al grupo de los Cinco, iba tomando contacto con mis
pies en el interior de las botas, observando mi seguridad y equilibrio, cuestionándome
mi habilidad en este arte y práctica (me pregunto ahora si existen o han
existido mujeres que sean un referente histórico en el Salto del Pastor).

Para empezar,
la marchita carnavalera, un brinco de consideración en la ruta, que me aceleró
el ritmo cardíaco. El monitor allá abajo, lo ves muy abajo, mirándote, dando
indicaciones precisas, acompañándote y deseando que te entregues a la lanza y,
que sobre ella, te deslices como una pluma hasta el suelo, con una sonrisa en
la cara. Lo increíble es que realmente se trata de algo que va ocurriendo. Al
menos algo parecido me ha sucedido a mí esta tarde. El cuerpo como
protagonista, haciendo. La mirada agudizada, la respiración que se expande y se
retrae, los pies buscando el apoyo, soltándose para que la lanza haga,
precisamente, su función con nuestro cuerpo en la pared y la roca.
Y a lo lejos,
el cielo y un horizonte azul grisáceo cruzando con el mar. La luz de la tarde
suave, ni nublado ni soleado, ni frío ni calor. La marea vacía y el brillo negro
de la arena... qué belleza de playas tenemos tan cerca…
Llegamos saltando,
bastoneando y en mi caso también medio reptando. También me tocó una sentadilla
salvada, que me brindó impulso para el tramo final, pues pienso que es raro
caerse dos veces muy seguidas (recuerdo de niña pensar “hace tiempo que no me
caigo” hasta que me volvía a pasar).
Para festejar la
vuelta uno de los Cinco capturó unas parchitas tropicales que endulzaron el
regreso, lanzas al hombro.
Qué ganas de
que empecemos pronto las salidas!
Con mi cariño,
Lourdes.
Parchita