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lunes, 8 de noviembre de 2010

Unas palabritas sonantes de David

                                                             Las Breñas
"En una tarde asombrosa la ladera de Rojas con ilusión a los saltadores miraba,
los veteranos por el risco brincaban,
los nuevecitos por el camino andaban.
Ya llegada la tarde el sol se ponía y
el grupo al completo, con la lección medio aprendida,
por la ladera subía."

David.

Esta semana en Rojas


El sábado 6 de noviembre los alumnos de la escuela de salto y algunos veteranos fuimos a Rojas (por Las Breñas) a la práctica sabatina de Salto. Mis impresiones coinciden con las de los monitores: un día hermosísimo, lleno de luz y color y mucha gente veterana o ya iniciada que aportó una inesperada dispersión de intereses y que descolocó un poco tanto a monitores como a alumnos. Los veteranos acudimos felices a la ruta pero ajenos a las pretensiones de los monitores del curso. Pudimos apoyar al personal y aportar nuestros conocimientos pero muy pocos lo hicieron.

     Sin acuerdo previo y  sobre la marcha decidimos descender por el risco, mientras los alumnos de la escuela siguieron por el camino hasta llegar al rellano propio para la práctica y aprendizaje de la técnica del salto. Allí hicieron repetidos saltos a pies juntos y trepas  agotadoras, pero la concentración no era la deseada. Unos saltaban, otros (los veteranos) se iban a dar un baño y otros también veteranos charlaban o miraban el esfuerzo de algunos alumnos. Claro que lo que apetecía era el refrescante baño pero David y Toño hicieron lo imposible por mantener la atención del personal y atraer su mirada al trabajo y concentrarse en los objetivos propuestos para el día a pesar de la algarabía del resto.
      La luz se fue haciendo tenue y ya anochecía cuando regresamos pero ella persistía ofreciéndonos un crepúspulo de espectáculo lleno de colorido y más propio de un atardecer de verano que de una tarde de otoño. 
    Algunas anédotas quedaron en mi retina: en la ruta, la atrevida piedra que osó rasguñar la mano de Lola y en el guachinche, la luz de la vela encendida que Fran sopló  y apagó antes de pedir el típico deseo en el día de su cumpleaños.
Un beso para todos,
Petri.